Cuando se asoma diciembre

Cuando se asoma diciembre, por estas calles morenas, resuman sus callejones, coplillas de Nochebuena… El pueblo se vuelve dulce, de polvorón de canela… Y el alma de cascabel, cuando las zambombas suenan.


La rima los une. Al leer estos cinco poemas breves en voz alta, se perciben con claridad las parejas de palabras y terminaciones que sostienen el ritmo: «morenas» y «Nochebuena», «colores» e «ilusiones», «calcetín» y «gris». Esa musicalidad enlaza imágenes de diciembre, afecto, regalos y celebración.
Fernando Terremoto abre la selección con la llegada de diciembre a unas calles llenas de coplillas, polvorón, canela, cascabeles y zambombas. Después, uno de los dos poemas de autoría desconocida imagina la Navidad como un dibujo hecho con colores, sueños, ilusiones y un arcoiris de amor.
George Pellicer, que firma con pseudónimo, centra «Instante navideño» en el calor de los seres queridos. El segundo texto de autoría desconocida se dirige a Papá Noel y reparte un calcetín, zapatos y una carta entre él y los Reyes Magos. Gloria Fuertes cierra el recorrido con el niño nacido en el pesebre, su música, sus alas y el resplandor que invita a acercarse despacio.
Para seguir explorando esta temática, la recopilación de Poemas de Navidad para Niños reúne más textos y los organiza por edad. Aquí, en cambio, el hilo conductor es la rima: unas veces aparece al final de versos consecutivos y otras se escucha a través de ecos más separados.

Cuando se asoma diciembre, por estas calles morenas, resuman sus callejones, coplillas de Nochebuena… El pueblo se vuelve dulce, de polvorón de canela… Y el alma de cascabel, cuando las zambombas suenan.

Para dibujar la Navidad, lo haría con colores… La pintaría con mis ojos, de sueños e ilusiones… Buscando en el cielo, el lucero más bello que me acercara a ti, dibujaría… ¡Un arcoiris de amor!

Mi Navidad no necesita árbol ni frío, solo el calor de mis seres queridos, a los que aprecio todo el año, pero disfruto un instante y llenan mi vacío.

Papá Noel A usted le dejo un calcetín, y para el rey Gaspar un zapato gris. El otro zapatito se lo dejo a Melchor, y para Baltasar una carta con amor.

Hay un Niño que dicen que llora música. ¡Vamos a verle todos con aleluya! Hay un Niño nacido. ¡Qué resplandores! ¡Vamos a verle todos no sea que llore! ¡Hay un Niño con alas en el pesebre! Vamos a ir despacio para que no se vuele.