Los poemas cortos sobre la naturaleza sirven para lo mismo que un paseo: hacen
mirar despacio algo que se ve todos los días. Un árbol con un nido, el viento
moviendo las hojas, la nieve sobre las ramas en enero.
Aquí tienes cinco, cada uno con su título y, cuando se conoce, su autor. Son breves —el más largo
no llega a veinte versos— y muy distintos entre sí, así que conviene mirarlos
antes de elegir: los dos primeros riman y tienen más densidad de imágenes, y los
tres siguientes son los que mejor funcionan con niños pequeños.
Una advertencia que ahorra sustos: la poesía dice cosas, y no todas las obras
encajan con cualquier grupo ni con cualquier momento. Léelos enteros antes de
compartirlos.
Poesías de la naturaleza cortas y con rima
El Nido

Es porque un pajarito de la montaña ha hecho,
en el hueco de un árbol, su nido matinal,
que el árbol amanece con música en el pecho,
como que si tuviera corazón musical.
Si el dulce pajarito por entre el hueco asoma,
para beber rocío, para beber aroma,
el árbol de la sierra me da la sensación
de que se le ha salido, cantando, el corazón.
Viento

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.
Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.
Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje.
Poemas cortos de naturaleza para niños
Los Árboles

Los árboles de mi barrio
se están poniendo blancos.
El invierno de otros años
ha vuelto y los ha pintado.
Pronto calentará el sol,
y la nieve se llevará.
Y cuando acabe el invierno,
sus hojitas verdes estarán.
El Hada Primavera

Llega el Hada Primavera
que no es un hada cualquiera.
Mezclando magia y amor,
viste el mundo de color.
Cuando viene de visita,
con un toque de varita,
cubre los alrededores
de trinos, cantos y flores.
¡Qué alegre está la pradera!
Llega el Hada Primavera.
Respetar la Naturaleza

Si vas al campo,
no subas por los almendros.
Ni cojas nidos,
ni caces pájaros,
ni mates insectos negros.
¡Ay, esa flor, esa flor
que ahora muere entre tus dedos,
sus novecientas hermanas
la están echando de menos!
Si vas al campo,
sé bueno.
¡Échate en la hierba,
canta,
estáte quieto!
No deshagas las casas
de los insectos.