La Ronda Loca, del Dúo Tiempo de Sol

- Duración: 2:30 minutos
Descripción
Dos minutos y medio en los que se ve todo lo que define a una ronda: el círculo, la mano dada, la canción y los movimientos a la vez.


Las rondas infantiles son de los pocos recursos que no hay que preparar: un grupo, un círculo y una canción. Por eso siguen usándose en aulas y en casas igual que hace un siglo, y por eso conviene saber qué las define antes de proponer una.
Una ronda infantil es un juego tradicional en el que un grupo de niños se coge de las manos y forma un círculo, combinando música y movimiento: mientras cantan una canción o recitan un poema, hacen movimientos coordinados.
El nombre cambia según dónde estés. «Ronda» se usa sobre todo en América del Sur, «rueda» es habitual en México y en España se dice «corro» — de ahí «El Corro de la Patata». Las tres palabras nombran el mismo juego, así que si has llegado buscando cualquiera de ellas, has llegado bien.
No hay una fecha. Lo que sí se sabe es que se han transmitido de padres a hijos durante siglos y que no nacieron como juego infantil: vienen de antiguas danzas ceremoniales, bailes folklóricos y canciones populares que con el tiempo se fueron adaptando para los niños.
Se nota al verlas de cerca. El círculo, las manos dadas y el canto a la vez son exactamente los mismos elementos de un baile tradicional de adultos; lo único que cambió al pasar a los niños fue la letra y el ritmo.
Para que un juego sea una ronda y no otra cosa tiene que cumplir cuatro cosas a la vez: estructura en círculo, participación activa de todos —no hay público—, movimientos coordinados con la música y un objetivo puesto en divertirse y relacionarse, no en ganar.
Ese último punto es el que más se pasa por alto y el que más decide en la práctica: una ronda no tiene marcador. Cuando alguien «pierde», lo que ocurre es que cambia de sitio o pasa al centro, así que nadie se queda fuera del juego. Es la razón de que funcionen tan bien con grupos donde hay niveles muy distintos.
El objetivo principal es que los niños se relacionen y aprendan a trabajar en equipo a través del juego. Todo lo demás llega de camino, sin que haya que proponérselo.
Además de la socialización, las rondas contribuyen al desarrollo de la expresión corporal, la memoria, el seguimiento de instrucciones, el respeto de los turnos, el trabajo grupal, la coordinación motora y la lateralidad.
Esa última merece una nota, porque es la menos evidente: la lateralidad —saber distinguir izquierda y derecha usando el propio cuerpo como referencia— tarda más en asentarse que otras nociones espaciales, y una ronda la entrena sin nombrarla, simplemente porque el círculo entero gira hacia el mismo lado. Hay trabajos que han estudiado precisamente ese efecto, como el de Bravo Zambonino sobre el desarrollo de la lateralidad a través de las rondas infantiles.
Antes de jugar conviene anticipar en qué consiste, sobre todo si el grupo no ha hecho ninguna nunca. Una explicación sencilla basta: «vamos a jugar a un juego haciendo un círculo y cogiéndonos de la mano; después cantaremos y haremos movimientos todos juntos al ritmo de la música».
Después, enseñarles un vídeo de una ronda ya jugada ahorra la mitad de la explicación. Ver el juego funcionando les dice en veinte segundos lo que cuesta tres minutos contar.
El vídeo de arriba, «La Ronda Loca» del Dúo Tiempo de Sol, sirve de resumen de todo lo anterior: en dos minutos y medio están el círculo, las manos dadas, la canción y los movimientos a la vez.
Si quieres más, hay quince ejemplos agrupados por origen —tradicionales mexicanas, corros españoles, versiones modernas y en inglés—, cada uno con su vídeo y con cuántos participantes hacen falta. Los tienes aquí debajo.
Una ronda infantil es un juego en círculo con canción y movimiento, heredado de bailes tradicionales y sostenido durante siglos porque no necesita nada para funcionar. Sirve para que un grupo se relacione jugando, y de paso entrena memoria, coordinación y lateralidad sin que haya que llamarlo así delante de nadie.

Dos minutos y medio en los que se ve todo lo que define a una ronda: el círculo, la mano dada, la canción y los movimientos a la vez.
Sí. Es el mismo juego con tres nombres según dónde se diga: «ronda» en América del Sur, «rueda» sobre todo en México y «corro» en España, como en «El Corro de la Patata». No hay diferencia de reglas entre ellos.
Desde los 2 o 3 años, si la ronda solo pide seguir instrucciones cantadas. Lo que llega más tarde no es el círculo, es lo demás: esperar turno, recordar una letra larga o repartirse papeles. Por eso conviene empezar por una ronda sin reglas y añadirlas después.
Un grupo, sitio para hacer un círculo y una canción. Nada más: ni material, ni preparar el espacio, ni saberse nada de antemano. Es lo que las hace tan fáciles de improvisar cuando sobran diez minutos.
Sobre todo para la interacción social y el trabajo en grupo, que es su objetivo. De camino aparecen la expresión corporal, la memoria, el seguimiento de instrucciones, el respeto de los turnos, la coordinación motora y la lateralidad.